Política

LOS LOGROS DEL GOBIERNO PETRO

Por Alvaro Morales de León.

A más de tres años de haber llegado a la Casa de Nariño, el gobierno del presidente Gustavo Petro ha logrado algo que parecía improbable en la política colombiana reciente: mover el eje del debate público.

Más allá de simpatías o resistencias ideológicas, su administración ha impuesto temas estructurales que durante décadas fueron aplazados, invisibilizados o tratados con timidez por los gobiernos tradicionales.


Uno de los principales logros del presidente Petro ha sido la instalación de la “paz total” como política de Estado, no como simple eslogan de campaña.

Aunque el proceso ha enfrentado dificultades, rupturas y críticas legítimas, resulta innegable que el gobierno retomó la vía del diálogo con múltiples actores armados, buscando reducir la violencia territorial que por años golpeó a las regiones más olvidadas del país. La paz dejó de ser un asunto exclusivo de La Habana o de las élites y volvió al centro de la discusión nacional.


En materia social, el gobierno Petro ha dado pasos significativos en la reducción de la pobreza monetaria y extrema, apoyado en programas de transferencias como Renta Ciudadana y la ampliación de subsidios focalizados.

Estos esfuerzos, combinados con una política de incremento sostenido del salario mínimo —el más alto en términos reales de las últimas décadas, han buscado recuperar el poder adquisitivo de millones de trabajadores y pensionados, en un contexto global marcado por la inflación y la desaceleración económica.


Otro logro relevante ha sido el reposicionamiento de Colombia en el escenario internacional, especialmente en temas ambientales y climáticos. Petro convirtió la defensa del Amazonas, la transición energética y la lucha contra el cambio climático en banderas diplomáticas.

Colombia pasó de ser un actor periférico a una voz influyente en foros globales, planteando una narrativa
distinta: la del Sur Global que exige corresponsabilidad a las potencias industriales.


En el campo económico, pese a los augurios catastrofistas de algunos sectores, el país ha mantenido la estabilidad macroeconómica. El gobierno respetó la regla fiscal, fortaleció el recaudo tributario mediante una reforma progresiva y evitó decisiones improvisadas que pusieran en riesgo la confianza internacional.

La apuesta por una economía productiva, menos dependiente del extractivismo, empezó a trazarse como hoja de ruta, aunque sus resultados estructurales aún estén en proceso.


No menos importante ha sido la reivindicación de los sectores históricamente excluidos: campesinos, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y jóvenes.

El gobierno impulsó la reforma agraria más ambiciosa en décadas, basada en la compra de tierras y no en la expropiación, reactivando un compromiso pendiente desde los acuerdos de paz. Asimismo, elevó la voz de las regiones y descentralizó el discurso del poder.


Desde luego, el gobierno de Gustavo Petro no ha estado exento de errores, tensiones internas y fallas de ejecución. Pero siendo honestos debe reconocer que su mayor logro ha sido romper la inercia política, sacudir estructuras anquilosadas y obligar al país a discutir su modelo de desarrollo, su desigualdad y su relación con la naturaleza.


Petro no ha gobernado para la comodidad del establecimiento. Ha gobernado con aciertos y tropiezos para transformar el sentido de lo posible. Y en un país acostumbrado al status-quo, eso ya constituye un hecho político de fondo.

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