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EL PERIODISMO QUE INCOMODA

Por. Álvaro Morales de León.

El periodismo que denuncia presuntos hechos de corrupción suele convertirse en un incómodo vigilante para quienes ejercen el poder. Informar sobre posibles irregularidades en contratos públicos, sobrecostos, favorecimientos a empresas amigas o desvíos de recursos destinados a la educación, salud, deporte, etc, no es una tarea sencilla, ni segura. Sin embargo, en un país y una ciudad como Cartagena, donde la corrupción continúa devorando presupuestos y esperanzas, este tipo de periodismo es más necesario que nunca.

En muchas ocasiones, el periodista que se atreve a investigar se convierte en el blanco de ataques, presiones judiciales, campañas de desprestigio y amenazas que buscan silenciar la denuncia. Este es un costo silencioso que se paga por cumplir con la misión de informar y proteger el derecho de la sociedad a conocer cómo se manejan los recursos públicos y qué se hace con el poder que se entrega a los gobernantes a través del voto.

El periodismo de denuncia ha revelado, a lo largo de la historia, fraudes que han obligado a renuncias, a investigaciones fiscales y disciplinarias, e incluso ha recuperado recursos para el erario. En Colombia, casos emblemáticos como el de la parapolítica, el cartel de la hemofilia, Odebrecht, UNGRD, y la contratación irregular en varios departamentos salieron a la luz gracias a periodistas que no temieron incomodar a quienes estaban detrás de las redes de corrupción.

Pero este tipo de periodismo también enfrenta retos internos: la autocensura, la falta de recursos en las salas de redacción y la presión de anunciantes que prefieren que ciertos temas no se toquen. Además, la judicialización de los periodistas, por medio de demandas que buscan intimidar y agotar recursos, se ha convertido en un mecanismo de censura indirecta. Cuando se informa sobre presuntos hechos de corrupción, se está protegiendo la democracia.

La ciudadanía tiene derecho a conocer si quienes manejan el presupuesto público lo están haciendo de manera adecuada y si el poder se está utilizando para el beneficio colectivo o para intereses privados. Un periodismo que incomoda con su denuncia es, en realidad, un periodismo que cumple su rol democrático. El periodismo que denuncia presuntos hechos de corrupción contribuye a la transparencia, fortalece el control ciudadano y ejerce presión sobre las autoridades para investigar y sancionar a quienes vulneran la ley.

Es un periodismo que recuerda que la información es un derecho y que la verdad, aunque incómoda, es necesaria para construir sociedades más justas. Por ello, cada vez que un periodista denuncia, con rigor y responsabilidad, un posible acto de corrupción, está reafirmando la importancia de una prensa libre, independiente y vigilante, que se convierte en la voz de los ciudadanos que no quieren que la corrupción continúe siendo la regla, sino que desean que sea la excepción. #PeriodismoDeDenuncia #Corrupción #Transparencia #LibertadDePrensa #Cartagena #ResponsabilidadInformativa #noticiasvital #noticiasvital17años

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