Nacional

LA SANTA FÉ, LA NUEVA TARIMA DE DISCURSOS DE ODIO

Por. Álvaro Morales de León.

De sobra es decir que la conocida Fundación Santa Fe de Bogotá, lugar donde se encuentra recluido el senador Miguel Uribe bajo el cuidado médico de los más connotados científicos
del país desde el pasado sábado 7 de junio procurando salvarle la vida, es uno de los más importantes complejos de atención médica que existen en Colombia, y según dan referencias
de él, de gran importancia y reconocimiento a nivel internacional. A este importante Centro Medico fue llevado gravemente herido el senador, producto de las balas asesinas disparadas
por un menor, después de ser atendido de urgencia en un Centro Médico de la Localidad de Fontibón en Bogotá.


Conocida la noticia y el sitio a donde había sido llevado el Senador para su urgente y especializada atención médica, sus amigos, sus segudores políticos, la ciudadanía, a medida
que transcurría y avanzaba la noche, poco a poco se fueron aglomerando en las afueras de la Fundación Santa Fe de Bogotá para expresar de manera genuina, de forma autentica,
el dolor y pesar que sentían por lo sucedido al joven político de 39 años de edad,


expresiones de dolor que fueron secundadas por María Claudia Tarazona, la esposa de herido Senador. Sobrevinieron las “velatones” desde la primera noche, la del sábado 7 de junio, el día del atentado, y han continuado las velas encendidas, como queriendo decir con ellas, que su petición al creador es que sigan encendidas como siga encendida la vida de Miguel, en
manos de Dios y en manos de los médicos que lo atienden.


Pero para Vicky Dávila, la precandidata presidencial patrocinada por los Gilinsky, sus exjefes y dueños de Semana, donde ella trabajó; para el expresidente Andrés Pastrana, para
Enrique Peñaloza, el exalcalde Bogotá y para el exfiscal Francisco Barboza, todas estas sinceras expresiones espirituales de los que clamaban en las afueras de la Fundación Santa
Fé de Bogotá por la salud y la vida del moribundo Senador poco importaron para convertir este sitio cargado de pesares, lleno de lagrimas derramadas, en momentos de agitación
política en contra del gobierno, en contra del presidente Gustavo Petro.


Vivky Davila, Pastrana, el exfiscal Barboza, y Peñaloza no se ahorraron palabras ni epítetos contra el Presidente Petro buscando incendiar al adolorido e inconsolable conglomerado que
permanecía y crecía, esperanzado en recibir, en la puerta de la Fundación, una buena noticia sobre el Senador. Lo culparon de responsable y complice del atentado, le dijeron guerrillero,
aliado de los narcotraficantes, de la Farc y del ELN, lo declararon, según ellos responsable de la inseguridad que vive el país, y de cuanta cosa se les vino a sus perturbadas mentes;
pero con lo que no contaban era con que los que oraban por Miguel, como iluminados por la verdad, a punta de rechiflas y arengas y gritos desgarradores los expulsaron del sitio,
prácticamente los “corretearon”. Y no eran petristas. Eran colombianos hastiados del odio político.


A las pocas horas, y días después, esos mismos precandidatos que sin consideración escrúpulo, ni respeto alguno por la vida de su agonizante copartidario, que usaron las
afueras de la Fundación Santa Fé de Bogotá como tarima, o mejor, como tinglado para sus discursos de odio contra el Presidente, los volvimos a escuchar llamando a la unión, pero sin
Petro, atreviéndose, como lo hizo Cepeda, el presidente del Senado, a decir que desconocían al presidente Ptero como garante de la seguridad para los candidatos por la
presidencia de la república para 2026.


Finalmente, por todo esto, y como bien lo popularizó el escritor inglés Thomas More, la sociedad como el lugar ideal, perfecto en lo político, lo económico y lo social, siempre será
inalcanzable, siempre será una utopía. Esta es y seguirá siendo nuestra Colombia.

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