LOS ORÍGENES REMOTOS DE UN CRÓNICO CONFLICTO
En la guerra, la primera víctima es la verdad”
Por Álvaro Morales de León
Para poder entender la génesis del crónico conflicto entre Israel y Palestina se hace necesario retroceder en la historia.
En el año marcado como el año cero en el calendario cristiano, el territorio que hoy ocupa Israel estaba habitado por judíos que permanecían bajo el sometimiento del Imperio Romano hasta que setenta años posteriores a la injusta crucifixión de Cristo, la población judía rebelándose contra el opresor romano fuera derrotada y expulsada de su territorio por orden del Imperio que los gobernaba.
Sesenta años después, los judíos intentaron retomar su territorio, pero fueron derrotados por Adriano, el emperador romano, lo que llevó a que este territorio pasara a llamarse Palestina, en homenaje al pueblo Filisteo, eterno enemigo de los judíos, haciendo que todos los que residían en la región fueran conocidos como palestinos, independiente de si eran musulmanes, cristianos o judíos.
En 1453, caído del Imperio Romano, la región pasó, inicialmente, a manos del Imperio Bizantino y posteriormente al Imperio Turco-Otomano, el cual tuvo el control del territorio de los judíos hasta el final de la Primera Guerra Mundial, año 1945, guerra en que los otomanos de origen musulmán lucharon junto a los alemanes, perdiendo la guerra, conllevando a que el imperio se disolviera y Palestina fue ocupada por los británicos en 1917 quienes prometieron el territorio tanto a los judíos como a los palestinos. Ambos pueblos, el judío y el palestino querían crear sus respectivos países en el mismo lugar.
Para esa época, los judíos comenzaron a regresar a Palestina, sin embargo, los palestinos de origen árabe ya se encontraban en la región y esperaban la creación de su país, como se lo habían prometido los británicos, lo que trajo como consecuencia la creación de un movimiento nacionalista árabe que agravó el conflicto entre ambos pueblos, para que en 1947, los británicos que ocupaban el territorio de Israel decidieron ceder el control de Jerusalén a las Naciones Unidas-la ONU.
Para estos tiempos la disputa por el territorio terminó en una asamblea el mismo año 1947, la cual decidió la división de Palestina entre árabes y judíos, pero Jerusalén permanecería bajo el dominio internacional, decisión que los Estados árabes no aceptaron.
Cuando en 1948, año posterior a la Primera Guerra Mundial finalizada en 1945, la ONU, en Asamblea General, decidió la creación del Estado de Israel en el territorio de Palestina, hizo estallar de inmediato la primera guerra árabe-israelí, guerra en la que los palestinos perdieron gran parte de la región, y Jerusalén, la Ciudad Santa, capital de Israel, se dividió entre árabes e israelíes.
Si desde el punto de vista bíblico nos vamos a lo más remoto de la historia, nos encontramos que el origen del conflicto ocurre cuando unos 1.500 años antes de Cristo, Noé, el del Arca, otorgó bendición a Sem, uno de sus tres hijos, y de quien descienden los israelitas; mientras que a Cam, otro de sus hijos, y de quien descienden los árabes, lo maldijo, dando lugar a las eternas guerras entre estos dos pueblos, los que descienden de Sem, los israelitas; y los que descienden de Cam, los árabes. Este relato bíblico no lo reconocen los musulmanes, los árabes, y llegan a decir que es todo lo contrario, el bendecido fue Cam y el maldito fue Sem.
Otro relato bíblico del Libro de Génesis da cuenta de otro acontecimiento que de igual manera reafirmaría la razón del crónico y eterno conflicto árabe – israelí, y se trata del momento en que el Patriarca Abraham es visitado por ángeles de Dios que le informan de la promesa de hacerlo fecundo en gran manera y padre de multitud de naciones, comenzando por darle como posesión toda la tierra de Canaán, la que comprendía lo que hoy es Israel, la llamada franja de Gaza, Cisjordania, y algunas partes de Siria y Líbano.
Pero la promesa que los ángeles de Dios entregaron a Abraham, que tenía 99 años, y la que en los mismos términos de fecundidad le entregaron a su esposa Sara, también infecunda por su edad, fue tomada a risas por estos esposos que no tenían descendencia.
La incredulidad de Abraham, apoyada por Sara, su esposa, hizo que Abraham experimentara su fecundidad prometida con su joven esclava egipcia, Agar, engendrando a Ismael, el cual convirtiéndose en una incomodidad para Sara cuando ya le había nacido su hijo, Isaac, obligó a Abraham a echarlo de su casa junto con su madre egipcia, Agar, a quienes Dios, en medio del desierto también les prometió prosperidad y un pueblo de grandes multitudes.
Aquí, la gran discusión y motivo igualmente del conflicto entre árabes e israelíes, es la eterna discusión entre cual de los dos hijos de Abraham es el primogénito, si es Ismael o es Isaac; y de acuerdo a esto, dicen los árabes, que el primogénito y dueño de la heredad de Canaán es Ismael, el primer hijo de Abraham e hijo de la egipcia; y no Isaac; pero para los israelitas, la promesa de heredar la Tierra Prometida es para ellos, porque Isaac, de quienes ellos descienden, es el hijo nacido de un hogar reconocido por Dios, el hogar de Abraham y Sara y el verdadero y único heredero de la tierra de Canaán
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