VICKY DÁVILA: ¿PERIODISTA O DIFAMADORA?
Por Álvaro Morales de León
Con exponentes como Vicky Dávila el oficio periodístico demuestra uno de sus momentos más críticos, sobre todo si las fronteras entre la investigación rigurosa y el sensacionalismo de pasillo se separan por completo para darle paso a la difamación.
La reciente publicación de la Revista Semana, en la que la periodista Vicky Dávila, empleada de Gabriel Gilinski, dueño de la Revista y entrañable amigo del presidente De la Espriella, entrevista a la ex asesora presidencial para la niñez, Eva Ferrer, representa un manual de lo que no debe hacerse en el periodismo de alta intensidad.
Presentar titulares difamatorios, con testimonios de segunda mano carentes de cualquier respaldo probatorio y basados puramente en lo que otro le dijo, matan la esencia del buen periodismo.
La gravedad de las acusaciones lanzadas contra la ex primera dama Verónica Alcocer y el entorno del gobierno de Gustavo Petro exigía, por principios éticos, un mínimo de rigor y contrastación judicial.
Sin embargo, lo que se expuso ante la opinión pública fue un relato construido sobre especulaciones de oídas, con personajes como un tal y cuestionado Manel Grau, como el supuesto origen de dichos comentarios, donde la declarante misma reconoce que no le constan de primera mano los hechos que narra. Presentar habladurías y dichos sin sustento como grandes revelaciones políticas no es fiscalizar el poder, sino instrumentalizar los medios de comunicación para la destrucción de reputaciones.
Este tipo de prácticas degradan el debate público y erosionan la credibilidad de los medios de comunicación. En una democracia sana, la libertad de prensa es sagrada, pero su ejercicio conlleva la responsabilidad ineludible de distinguir con claridad entre un hecho demostrado y el chisme interesado. Cuando el periodismo renuncia a la prueba y se arrodilla ante el espectáculo del rumor, traiciona su función social fundamental: informar con la verdad para fortalecer las instituciones, no dinamitarlas a punta de sospechas
infundadas.
Vicky Dávila ha dado por cierto y publicado, sin pruebas, todo lo que la ex asesora presidencial Eva Ferrer le contó en la entrevista, lo que otro le había dicho. Es decir, un periodismo de chismes.
En la entrevista la ex asesora presidencial le aseguró a Vicky Dávila que la ex primera dama, Verónica Alcocer, era la cabeza de una presunta banda dedicada a la corrupción, asegurando de la existencia de movimientos ilícitos como el transporte de drogas a Venezuela en aviones oficiales, así como del ingreso de 2.5 millones de dólares destinados, presuntamente, para la financiación de campañas políticas del entorno cercano a ella, y además, de tener vínculos con redes del tráfico de armas.
Añadiendo que de todo esto tenía no sólo conocimiento el presidente Petro sino que además, él también era parte de la estructura delictiva.
Pero lo que la perversa periodista Vicky Dávila publica, sin tener pruebas, ni confrontar estas declaraciones de la entrevista con Eva Ferrer, la ex asesora presidencial, viene de Manel Grau, una persona que le contó todo esto a la entrevistada de Vicky Dávila, Eva Ferrer, a quien no le consta nada de lo dicho en la entrevista.
También le dijo Eva Ferrer a Vicky Dávila que le parecía que había fotos de Verónica descendiendo del avión con maletas grises en las que dentro había droga y había movimiento de capital de allá a aquí y de aquí a allá”, dijo Ferrer.
Continuó Ferrer y dijo que Verónica Alcocer, a través de su amigo, el español Manel Grau, cobraba 50.000 dólares por cada reunión o encuentro que se conseguía con el presidente Petro. También dijo que Papá Pitufo había enviado 50.000 euros para la campaña política pero que no se pudieron recibir porque el enviado a recogerlos se había negado a recibirlos.
También Eva Ferrer habló de los presuntos 250.000 dólares entregados en efectivo a Verónica por Euclides Torres, el empresario de Barranquilla, para la financiación de las campañas. En todo esto Eva Ferrer también involucra al primo de Verónica Alcocer, Mario Fernández Alcocer, y al senador Agmeth Scaff, muy cercano a Verónica.
Finalmente, todo esto surge, como un distractor de la atención política nacional, en medio de las exigencias cada vez mayores que se le hacen a la actual Primera Dama, Ana Lucía Pineda, sobre el monto de las donaciones nacionales e internacionales recibidas en sus Fundaciones: “Luz y Sonrisas” y “Colombia, un solo corazón” para ser invertidas en las victimas del terremoto del 10 de agosto, pero que la Primera Dama no ha querido informar; también, en medio de la solicitud de 11 congresistas demócratas de los Estados
Unidos que han pedido que se investigue el origen de la fortuna de Abelardo de la Espriella.
