Privilegios por montón
Por Manuel Medrano
En Colombia, existe una clase privilegiada que, a pesar de depender de los menos favorecidos, siempre se mantiene en una posición privilegiada gracias a sus altos sueldos. Muchos perciben a ciertos miembros del Congreso como parásitos de la sociedad. Se cuestiona la justificación de pagar a un congresista 48 millones de pesos mensuales, además de los numerosos beneficios y la burocracia que los rodea.
Es ingenuo esperar justicia en un contexto de injusticia cuando el 60% de la población sobrevive con un salario mínimo. La pregunta que surge es: ¿quién estableció estos sueldos desproporcionados para la clase privilegiada del sector público, volviéndolos intocables y prepotentes? Independientemente de la situación del país, un congresista sigue percibiendo 48 millones de pesos al mes. ¿Qué hace con tanto dinero? A menudo, se asocia con la corrupción.
Recientemente, se archivó un proyecto que buscaba reducir el sueldo de los congresistas. ¿Por qué un congresista no puede recibir, por ejemplo, 28 millones de pesos? Con ese ajuste, el país podría ahorrarse mensualmente alrededor de 5.500 millones de pesos. Sin embargo, como ha sucedido anteriormente, es probable que el proyecto no avance, ya que también afectaría a las altas cortes donde los magistrados tienen ingresos similares.
La desigualdad comienza desde la cima, donde los poderosos ignoran regiones como el Pacífico colombiano, ejemplificado por la situación de Buenaventura. Este puerto, tan crucial, no debería ser sinónimo de pobreza. Aquellos que manejan el poder lo utilizan para enriquecerse, mientras el país sigue excluyendo a millones. ¿Cuándo se restaurará el ya dañado tejido social?

Esta situación ha perdurado por más de 200 años de gobiernos de derecha aburguesada, que evidencian la insensibilidad de una élite que se ha adueñado del país. Cambios reales solo llegarán con una revolución cultural que despierte a los marginados y los impulse a reclamar su ascenso social —incluso a hacerlo por la fuerza. El opresor nunca se pone en la piel del oprimido, y es por ello que surgen las verdaderas revoluciones.
Un dato para la reflexión: los congresistas de la Unión Europea perciben menos que los colombianos. Mientras el pueblo no se libere de esta clase política que le ha tocado en suerte, no habrá mejora en el poder adquisitivo de los colombianos y el país no encontrará su camino hacia el desarrollo.
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