Han Kang 2024, otra mujer Premio Nobel de literatura
Por Laurent Céspedes R.
Premio Nobel de Literatura 2024, Han Kang, escritora surcoreana, Annie Ernaux, mujeres escritoras, novelas, poesía, Gwangju, narrativa, literatura contemporánea, libros.
Me encanta que otra mujer haya ganado el máximo premio mundial de literatura este año. Hace dos años, en 2022, la ganadora fue la gran escritora francesa, Annie Ernaux, a sus 82 años de edad. Y ahora la galardonada fue una escritora surcoreana, de nombre Han Kang, con apenas 53 años, quien se convierte en la primera mujer asiática que gana el famoso Premio Nobel, otorgado por los países nórdicos de Suecia y Noruega desde 1901.
Pues bien, para quienes nos gustan mucho los libros, aunque no siempre podamos comprarlos, esta es una noticia interesante porque nos despierta la curiosidad y el entusiasmo de seguir y seguir leyendo, en este caso a nuevos autores, y más si se trata de mujeres escritoras.
La surcoreana Han Kang tiene el aspecto físico típico de su raza oriental: piel clara perlada, cabello lacio hasta los hombros partido en la mitad o de lado con flecos sobre la frente, la nariz redondeada más bien corta, los ojos oscuros, pequeños y rasgados, y la boca con labios de flor y dientes perfectos, en un rostro agradable y bondadoso.
Su poder creativo es evidente ya desde los títulos de sus poemas, cuentos y novelas: «Dejé la cena en la gaveta» (libro de poesía); cuatro recopilaciones de cuentos: «El amor en Yeosu», «El fruto de mi mujer», «Caja de lágrimas» y «El diseño amarillo de la eternidad»; y seis novelas: «El venado negro», «Tus frías manos», «La vegetariana», «Pelea de aliento», «La hora de griego» y «Viene el muchacho», traducidas al japonés, español, francés, vietnamita y otras lenguas.
Pero Han Kang tiene también otros libros como «Actos Humanos», en donde, según el periódico El Clarín, de Buenos Aires, “Han Kang aborda el Levantamiento de Gwangju de 1980, un evento histórico de gran significado en Corea del Sur. A través de una narrativa poderosa, la autora reflexiona sobre la violencia y la resistencia humanas.” “Para el jurado de la Academia Sueca”, continúa El Clarín, “su obra se caracteriza por una doble exposición del dolor, su intensa prosa poética que confronta traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana”.
Está perfecta esta escritora surcoreana para llenar con sus páginas seguramente muy interesantes unas cuantas horas de nuestras vidas. He aquí un fragmento de su más reciente novela, 2024, intitulada «La vegetariana», sobre la cual el sitio web Planalibro.net comenta: “La vegetariana relata la historia de una mujer corriente, Yeonghye, que por la simple decisión de no volver a comer carne convierte una vida normal en una perturbadora pesadilla.

Narrada a tres voces, «La vegetariana» cuenta el desprendimiento progresivo de la condición humana de una mujer que ha decidido dejar de ser aquello que le obligan a ser. El lector, como un pariente más, asiste atónito a ese acto subversivo que fracturará la vida familiar de la protagonista y transformará todas sus relaciones cotidianas en un vórtice de violencia, vergüenza y deseo.” He aquí un fragmento:
«La vegetariana» (fragmento). Traducción de Yoon Summe (Random House):
Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. No era ni muy alta ni muy baja, llevaba una melena ni larga ni corta, tenía la piel seca y amarillenta, sus ojos eran pequeños, los pómulos algo prominentes, y vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal. Calzada con unos zapatos negros muy sencillos, se acercó a la mesa en la que yo estaba sentado con pasos que no eran ni rápidos ni lentos, ni enérgicos ni débiles.
Si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular. Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas. No hacía falta que me mostrara culto para atraer su atención ni tenía que darme prisa para llegar a tiempo a nuestras citas.
Tampoco había razón para que me sintiera menos cuando a solas me comparaba con los modelos que aparecían en los catálogos de moda masculina. Ni mi barriga, que había comenzado a abultar a partir de los veintitantos, ni mis delgados brazos y piernas, que no ganaban músculo a pesar de los esfuerzos que hacía —ni siquiera mi pequeño pene, que era la causa de un secreto complejo de inferioridad—, me preocupaban lo más mínimo cuando estaba con ella.
Nunca he pretendido más de lo que creo merecer. Cuando era pequeño me las di de bravucón en las calles poniéndome al frente de una banda de niños que eran menores que yo. Cuando me hice mayor, solicité ingresar en la universidad que me concedía la beca más jugosa y luego me di por satisfecho entrando en una pequeña compañía que, además de apreciar mi escasa capacidad, me entregaba todos los meses un sueldo modesto. Así pues, fue natural que eligiera casarme con ella, que tenía el aspecto de ser la mujer más corriente del mundo. De hecho, jamás he podido sentirme cómodo con las mujeres bonitas, inteligentes, sensuales o provenientes de familias adineradas.
Tal como lo había esperado, mi mujer se ajustó sin problemas al rol de esposa común y corriente que yo deseaba. Todas las mañanas se levantaba a las seis y me preparaba el desayuno: arroz, sopa y un trozo de pescado. También continuaba haciendo los trabajos temporales que desempeñaba de soltera, lo que constituía una aportación —si bien modesta— a la economía familiar. Era profesora asistente en una academia de computación gráfica, donde había estudiado un año, y en casa trabajaba por encargo transcribiendo los textos a los globos de diálogo de las historietas.
Era más bien callada. Rara vez me pedía algo y no se quejaba por muy tarde que yo volviera del trabajo. Tampoco me insistía en que saliéramos los domingos o festivos que estábamos juntos en casa. Mientras yo me pasaba toda la tarde haraganeando frente al televisor con el mando en la mano, ella solía quedarse en su habitación. (Fin del fragmento, tomado de Planalibro.net)

Habrá que ir a las librerías o a la biblioteca pública más cercana para seguir leyendo esta estupenda novela de Han Kang, la nueva Premio Nobel de literatura 2024. Noticias Vital
#noticiasvital
