LA MAL ENTENDIDA LIBERTAD DE PRENSA
“A veces se confunde la libertad de expresión con la libertad de presión”. Eduardo Galeano. Por Alvaro Morales de León-.
La información es poder, está presente en todos los canales de conocimiento y se canaliza por vías muy rápidas, de ahí la importancia de la prensa a la que desde finales del siglo XVIII se le conoce como “El cuarto poder” al considerársele como una extensión de los tres poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, y por su confirmado poder o influencia en los asuntos sociales y políticos de un país.
El término “cuarto poder”, atribuído al escritor, político y orador anglo-irlandés Edmund Burke, se hizo famoso desde que en 1787 lo pronunciara por primera vez en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido.
Burke empleó el término “Cuarto Poder” para referirse a la prensa que en las sesiones del Parlamento Inglés se sentaba en el cuarto espacio de los escaños de la Tribuna, al lado de quienes ocupaban los otros tres poderes, el de Los Lores Espirituales, representantes de la Iglesia; el de los Lores Temporales, los de la Nobleza; y el de Los Comunes, los Políticos en la tribuna, calificando a la prensa como un poder más importante que los tres existentes.
Pero si en 1948 el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos estableció que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión; Derecho que comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección, también a través del tiempo se les ha impuesto al periodismo y a los medios de comunicación el deber del ejercicio responsable de su oficio sin eximirlos de la responsabilidad cuando lleguen a cometer delitos como el de la difamación, la injuria o la calumnia.
También se entiende que la libertad de expresión o la libertad de prensa no puede sobrepasar las fronteras de la dignidad, la intimidad, la honra y el buen nombre de las personas.
Tampoco la libertad de expresión respalda las expresiones que inciten a la violencia en contra de un individuo o de un grupo de personas ni respalda insinuaciones sobre una persona, ajenas a la realidad, con el único propósito de fomentar el escándalo público o provocar en ella infamia, calumnia o un rechazo social.
La libertad de expresarse, así como la libertad a informarse e informar, están consignadas en nuestra Carta Política, así como en sentencias judiciales que analizan la importancia de una prensa libre, pero responsable, en contraposición con la intimidad de todos los ciudadanos.
Dicen las Sentencias Judiciales que los medios de comunicación tienen la libertad para publicar el material que consideren pertinente, sin embargo, esta independencia debe estar revestida de una responsabilidad social procurando los periodistas la veracidad, la objetividad y cuidado, para no afectar los límites de otros derechos subjetivos en concordancia con el artículo 95 de la Carta Política que dice: “La calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional. Todos están en el deber de engrandecerla y dignificarla. El ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en esta Constitución implica responsabilidades”
De este modo, hablar de cada derecho, su confrontación, a veces inevitable, y el impacto que la información tiene en la sociedad no es para nada nuevo, sin embargo, el punto que más se estudia y que aún hoy no se supera es: ¿cómo sopesar cada uno de manera idónea?
El Observatorio para la Libertad de Expresión de la Universidad del Rosario, considera que “lo mejor para los medios es la autorregulación. Pero eso se logra con una discusión que va más allá de lo jurídico, debe desarrollarse en el campo de la ética del oficio”.
Finalmente, la libertad de prensa, derecho fundamental de suma importancia para las sociedades democráticas, siempre será una de las continuas tensiones entre la libre expresión y la responsabilidad informativa.
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