Política

“LA COSTA NOSTRA»

“La política es asunto de todos”. Anónimo

Los sucesos políticos ocurridos en Barranquilla, en la llamada “Casa Blanca”, son sucesos dignos y propios de una verdadera organización criminal como fue la llamada “Cosa Nostra”, la temible mafia siciliana dedicada a toda una amplia gama delincuencial.

“La Costa Nostra”, como bien podríamos llamar a la delictiva organización criminal de Barranquilla dedicada al negocio de la compra –venta de votos, estuvo dedicada, quien sabe por cuánto tiempo a esta delictiva actividad, la que abarca todo el compendio de delitos contra el sufragio y el sufragante.

Correspondió a la Fiscalía General de la Nación descubrir esta descarada compra de votos que se dio en esta Sede Política conocida como “Casa Blanca” durante la campaña de las elecciones de Congreso para el periodo 2018-2022, campaña de la cual participaba como candidata la joven y bella aspirante al Senado por el Partido Conservador, Aida Merlano Rebolledo, quien con escasos 38 años y graduada de abogada y además. de politóloga, daba el brinco de la Cámara de Representantes al Senado de la República buscando remplazar al eterno Roberto Gerlein Echeverría, en la práctica, su cuñado.

Pero la circunscripción nacional del Senado al que aspiraba la Merlano hicieron que sus tentáculos delictivos se extendieran, con las abultadas sumas de dinero de su patrocinador y concubino, el señor Julio Gerlein, a otros departamentos de la Costa, entre ellos, y quizás el más importante, el departamento de Bolívar, donde patrocinó campañas a la Cámara de Representantes y donde se hizo acompañar de reconocidos militantes del Partido Conservador, como lo confirman las fotografías existentes.

Y si la “Cosa Nostra” siciliana se dedicó al narcotráfico, al asesinato, al secuestro, al fraude, a la extorsión, al contrabando, a las apuestas ilegales, al terrorismo, a la usura, a la receptación, etc., “la Costa Nostra”, la nuestra, la de Barranquilla, la comandada por Aida Merlano, se dedicó al reciclaje de las grandísimas sumas de dineros provenientes de la contratación estatal para convertirlas en votos mediante el procedimiento de su compra, y así, convertir la política en un verdadero carrusel de reciclaje para elegirse con los dineros públicos, el dinero que nos perteneces a todos.

El raudal de dinero empleado para la compra masiva de votos, también, se dice, que fue producto de falsarios prestamos que hicieron reconocidas entidades financieras, para que una vez logrado el objetivo de la curul, y producto de la contratación estatal. regresaran en sumas superlativas a dicha entidad financiera de donde salieron, dejando, además, en el camino, las ya conocidas “comisiones”, o “partidas” a los que hicieron posible que saliera el dinero a través de los contratos con el gobierno.

La compra de votos es castigada por la Ley Penal de Colombia, la Ley 1864 de 2017, y lo es por lo que con ella concurren todos los delitos electorales, como el constreñimiento, fraude y corrupción al sufragante, fraude en la inscripción de cédulas, tráfico de votos, y otros más; y es castigada porque con la compra de votos se le anula a otros ciudadanos la posibilidad de ser elegidos por medio de un transparente proceso electoral.

Ante todo esto cabe preguntarse, ¿cuántos de los 73,250 votos que obtuvo Aida Merlano el domingo 11 de marzo de 2018 con los cuales logró una curul en el Senado de la República, cuantos de los 67.414 que sacó para la Cámara en el 2014, y cuantos con los que se hicieron elegir otros Congresistas fueron votos limpios y no manchados con el delito de la compra de ellos?

Finalmente, siendo la compra de votos uno de los tantos vicios de la llamada democracia colombiana y sus procesos electorales, el llamado, a siete meses de las elecciones del domingo 29 de octubre de este 2023, es a renunciar, a rechazar, a abandonar, a no caer en esta mala práctica, en esta trampa. Por favor, por nada venda su voto. No sea parte de la corrupción electoral.

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