¿Periodismo o activismo?: un falso dilema.
Por: Ita María Díez, editora de audiencias de Revista Volcánicas.
En la sentida rueda de prensa que dio Jineth Bedoya el pasado 18 de octubre, tras conocerse el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizando al Estado Colombiano por el secuestro, tortura y violencia sexual que sufrió el 25 de mayo del 2000, desde Revista Volcánicas le preguntamos por la relación entre periodismo y activismo, una dupla que para el periodismo hegemónico es imposible y para las periodistas feministas, indivisible.
Su respuesta fue especialmente relevante y esperanzadora para nosotras y para toda una nueva generación de periodistas y comunicadoras que nos enunciamos desde los feminismos y desde el activismo, que creemos en el poder que tienen el periodismo y la comunicación para disputar el sentido común, para crear nuevos relatos y transformar realidades: “En un tramo de este camino tan doloroso entendí que si no hacía activismo no iba a poder encontrar justicia… y en ese sentido nunca vi incompatibilidad entre el periodismo y el activismo. El activismo que hacen miles de mujeres en el mundo ha cambiado la realidad de sus comunidades”.
Jineth también se refirió en su respuesta a Maria Ressa, la filipina-estadounidense ganadora del Nobel de Paz 2021, una periodista abiertamente opositora del presidente filipino Rodrigo Duterte, y un ejemplo de periodismo y activismo con una postura política clara y transparente que apuesta por contrarrestar la desinformación. Y es que el periodismo de Maria tiene una agenda política clara y transparente y no es “objetivo”, como nos enseña el periodismo tradicional. Es un periodismo que trabaja activamente por la causa de los derechos humanos, que denuncia, informa y demanda, es periodismo activista, como el de Jineth y No Es Hora de Callar. Por ejercerlo, Maria ha sufrido acoso y persecución judicial y política. Y a pesar de todos los intentos del poder por silenciarla, ella, al igual que Jineth, nunca calló.
Desde Volcánicas, y en general desde el periodismo feminista, ese es justamente el llamado: abortar esa falsa objetividad que, en un mundo patriarcal, es la mirada subjetiva masculina y renunciar a la también falsa ausencia de agendas de los medios. Creemos que la función del periodismo es informar con rigor a la ciudadanía para que pueda tomar decisiones informadas en una democracia y este compromiso implica la defensa de los derechos humanos y, en esa medida, el periodismo que se dice sin posturas, o sin apuestas políticas, está a la defensa del statu quo, que no es más que el patriarcado.
Entonces no se trata de no tener agenda sino de ser transparentes con nuestras audiencias, hacer un pacto ético. Nuestra agenda son los derechos de las mujeres, de todas las mujeres, de las mujeres cis, de las mujeres trans, de las trabajadoras sexuales, de las víctimas de violencias basadas en género, de las niñas, de las adultas mayores, de las trabajadoras domésticas, las migrantes y mujeres rurales, y sabemos que ningún avance en derechos supone retrocesos para otras.
Por eso no creemos en debates de posturas opuestas, porque lo que se opone a esos derechos es discurso de odio y violencia y darle espacio a las narrativas que se oponen a que otras personas, en especial las mujeres, tengan derechos, va contra el propósito mismo de transformar realidades y es lo que siempre han hecho los medios hegemónicos: posar de neutros cuando no hay neutralidad posible frente a las violencias sistemáticas y opresiones históricas. La ambigüedad también manipula y desinforma.
Al final, el periodismo feminista es un arma contra un sistema que históricamente ha violentado, silenciado e invisibilizado nuestras realidades e historias y, precisamente por eso, el periodismo feminista es también una forma de lucha por la libertad de expresión. #noticiasvital
