¿PERDÓN O EXCUSAS?
“No te fíes de los hombres, aunque los veas llorar, porque son como el cocodrilo que lloran para engañar”. Refrán.
Autor: Alvaro Morales @almodel2016
La desgastada y hasta desprestigiada palabra Perdón que hoy está a flor de labios y a la que pareciera estar acostumbrándonos a escuchar de manera repetida por ex gobernantes y por quienes han hecho parte del conflicto armado en Colombia, no es una palabra que se haya incrustado en los dos grandes “Acuerdos de Paz” que en tiempos recientes se han firmado con diferentes grupos insurgentes, paramilitares y guerrilleros.
El lema, por decirlo así, del “Acuerdo de Santafé de Ralito”, llamado “Justicia y Paz”, no confundir con el “Pacto de Ralito”, y que el 15 de julio de 2003 suscribió el gobierno nacional con los paramilitares, encerró no sólo la desmovilización y la entrega de armas sino como esencia fundamental incluyó la confesión de la Verdad, la Justicia, Reparación y la no Repetición, pero no estableció el perdón que estamos oyendo de boca de quienes fueron sus líderes; el cual expresan como un acto voluntario, pero también por orden judicial.
Pero sobre este mismo esquema, sin incluir igualmente el Perdón, sino el de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición se fundamentan también los “Acuerdos de Paz” suscritos entre el gobierno nacional con las Farc en el año 2016.
Pero a pesar de todos estos eventos o acuerdos de pacificación, en los cuales no se ha incluido la palabra Perdón, vemos con preocupación la fragilidad de los principios que ligan a estos dos procesos, la Verdad, la Justicia, la Reparación y la no Repetición, se nos está acostumbrando a escuchar de parte de actores del conflicto armado, y hasta de expresidentes, vocalizar entre sollozos la palabra Perdón, como si con ella y con solo decirla pretendieran enmendar y borrar de tajo todo el horror de la guerra.
Hay que dejar claro que, de acuerdo a las circunstancias, el perdón, que debe ser de corazón y no de boca, se solicita o se otorga, siendo la solicitud el modelo más indicado para los que han intervenido en el conflicto y cometieron atrocidades contra los indefensos, y debe, además, llevar consigo para el que lo pide, la remisión o arrepentimiento de una falta, y para el perjudicado, la decisión de dejar atrás lo sucedido.
Pero parece que el acto sublime del perdón, acto de alto contenido espiritual, solmene, ético y sincero da la impresión que se estuviera confundiendo con las disculpas o excusas las cuales no son más que argumentos que se dan para justificarse o exculparse de un error o una falta por algo indebido, que es lo que creemos encaja en lo que oímos de quienes por fuerza de la ley o de manera espontánea quieren que se les perdone.
Recientemente que oímos al ex presidente Santos balbucear perdón por los crímenes de los “falsos positivos”, también le oímos exculparse y justificarse con el expresidente Uribe; caso muy similar a la solicitud de perdón que hemos oído de parte de los ex paramilitares Salvatore Mancuso y Jorge 40; así como de exguerrilleros de las FARC como Rodrigo Granda, Rodrigo Londoño, Pastor Alape, el de Julián Gallo y de Marcos Calarcá.
Mucho es lo que va del perdón como reconocimiento y aceptación de una ofensa o de un error a una excusa de la cual se dice que se da para justificarse y exculparse de una falta y que no se es culpable de ella.
Finalmente, “El perdón no es un abrazo”, ha dicho María Carolina Hoyos, hija de la asesinada Diana Turbay; y John Jairo Velásquez, “Popeye”, dejó dicho que “la gente perdona de boca, pero no de corazón”. #noticiasvital
