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LO QUE LE FALTABA A TRUMP, PELEAR CON EL PAPA

Por Alvaro Morales de León.

El choque que han protagonizado Donald Trump y el Papa León XIV es inédito,y probablemente, único en la historia.


Lo que en otras épocas habría sido un desacuerdo diplomático discreto, hoy se ha convertido en un enfrentamiento abierto, cargado de descalificaciones y advertencias que reflejan no solo diferencias ideológicas, sino visiones antagónicas del mundo. El origen del conflicto es claro, las críticas del Papa a la política de inmigración de Trump, su postura beligerante contra Irán y su versión por acabar, por “barrer” con la milenaria cultura y civilización persa.


Frente a esto, el Papa que no sólo ha levantado una voz por el conflicto de Trump contra Irán, sino, también, contra los conlictos contra los gazatíes, y otros, se muestra fiel a la tradición de la Iglesia Católica que insiste en la dignidad humana, el respeto a los pueblos y la necesidad urgente de evitar la guerra. No es una simple discrepancia; es un choque entre la lógica del poder y la ética de la compasión.


Trump, fiel a su estilo, no ha optado, como siempre lo hace, por el camino de la aceptación a la crítica, y por el contrario, entró a descalificar al Pontífice llamándolo “débil ante la delincuencia” y “pésimo en política exterior”, dejando claro que no solo rechaza sus planteamientos, sino que busca deslegitimar su autoridad como jefe de la Iglesia Católica, y además, insultando al jefe del Estado de El Vaticano, el Papa.


Para Trump, el Papa no es un interlocutor válido, sino un obstáculo incómodo. Esta postura no solo rompe con la tradición diplomática estadounidense frente al Vaticano, sino que revela una peligrosa tendencia: la de reducir cualquier crítica a un ataque personal.


La respuesta del Papa ante los ataques de Trump, ha sido firme, respondiéndole no tenerle miedo ni a él, ni a su administración, reiterado, además, su compromiso de pronunciarse contra los conflictos armados que promueve Trump, su aberrante política de inmigración, y su injustica social.

En un mundo donde muchos líderes optan por el silencio estratégico, la postura del Papa resulta incómoda, pero necesaria. La Iglesia, guste o no, sigue siendo una de las instituciones globales capaces de interpelar a los poderosos desde una perspectiva religiosa.


Sin embargo, el trasfondo de este enfrentamiento va más allá de dos figuras. Lo que está en juego es el sentido mismo de la política internacional. La insistencia de Trump en endurecer su política migratoria y su absurda guerra contra Irán, cayendo en el desprecio por una civilización milenaria como la persa, planteándose interrogantes serios sobre el rumbo de su liderazgo, no tratándose solo de decisiones estratégicas, sino de dos visiones diferentes del Mundo.

El Papa, en sus válidas críticas ha calificado estas guerras como inaceptables, pidiendo su fin inmediato, y aunque la posición del Papa podría parecer inalcanzable para algunos analistas, la misma representa una conciencia incómoda que el poder político rara vez quiere escuchar.


Pero que un presidente estadounidense, como Trump, “se la enfile” a un Papa no es solo inusual; es sintomático de un tiempo en el que las formas han dejado de importar. El Vaticano no es únicamente un símbolo religioso, sino un actor diplomático con influencia global e ignorar ese peso, o peor aún, confrontarlo abiertamente, puede tener repercusiones más allá de lo inmediato y de los porevisto.

Al final, este enfrentamiento deja una sensación inquietante, que cuando el poder político se muestra incapaz de tolerar la crítica y responde con ataques personales, el debate público se empobrece y la posibilidad de soluciones reales se aleja.


Quizás, como bien se ha dicho, esto era lo que le faltaba a Trump: pelear con el Papa. Pero más allá de los hechos, lo verdaderamente preocupante es que, en medio de conflictos reales y crisis humanitarias, el mundo se enfrenta a un duelo entre quienes no soportan la crítica con quienes hacen la crítica, y esto, más que cualquier diferencia ideológica, es lo que debería encender las alarmas en el mundo actual.

Finalmente, congresistas demócratas de Estados Unidos, recogiendo voces de la opinión pública e invocando la Enmienda Vigesimoquinta de la Constitución de este país, promueven la remoción de Trump del poder por demostrada incapacidad mental para gobernar el país; lo cual sustentan con las manifestaciones sicópatas y erráticas que repetidamente deja ver el Presidente, así como su comportamiento narcisista y su estilo de mandatario autócrata con trastornos obsesivos por un creciente delirio de poder.

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