Convertir la música en proyecto de vida: la historia de María Mónica Beltrán entre el violín y el clarinete
Desde los barrios de Cartagena hasta los escenarios más emblemáticos de la ciudad, la historia de María Mónica Beltrán Pallares es un ejemplo de cómo la formación artística, el acompañamiento social y la disciplina pueden transformar destinos. Integrante de la Orquesta Puerto Azul, del Grupo Puerto de Cartagena (GPC), esta joven violinista ha construido su camino musical de la mano de la Fundación Puerto de Cartagena (FPC), entidad que lidera los programas de responsabilidad social del grupo empresarial.
María Mónica tenía apenas 7 años cuando ingresó a la Escuela de Música Puerto Azul, en su barrio El Zapatero, donde por primera vez tuvo contacto con un instrumento musical. Sus inicios fueron con la flauta dulce, pero el flechazo llegó con el clarinete, un amor que en ese momento se convirtió también en frustración. “No me sonó”, recuerda entre risas. Fue entonces cuando un profesor la orientó hacia el violín, instrumento que terminaría marcando su vida.
“Aunque al principio no me gustó mucho la idea, hoy puedo decir que soy quien soy gracias al violín. Todo mi bachillerato lo hice acompañada por la Fundación, con profesores y procesos que fueron espectaculares”, relata la joven cartagenera.

Durante su etapa escolar en el Colegio Fernández Baena, en el barrio El Bosque, María Mónica asistía hasta cuatro veces por semana a clases de música y coro con la Fundación, consolidando una rutina que fortaleció su talento y su carácter. Al finalizar el bachillerato, con el acompañamiento del equipo psicosocial de la FPC, logró acceder a una beca para estudiar Música en la Escuela de Bellas Artes, donde hoy está a punto de graduarse tras cinco años de formación universitaria.
Actualmente, con 23 años, María Mónica hace parte activa de la Orquesta del Puerto Azul y ocupa el cargo de concertina, liderando el grupo de primeros violines. “Es un rol de mucha responsabilidad, pero lo asumí con amor y entusiasmo. Me reta y me hace crecer”, asegura.
Su recorrido incluye presentaciones en distintos escenarios de Cartagena y una experiencia que marcó su carrera: su debut como directora del Ensamble Menor de la Orquesta Puerto Azul, en diciembre de 2024, en el Teatro Adolfo Mejía. “Fue uno de los mayores retos de mi vida. Tres meses de montaje y una presentación inolvidable”, afirma.
Más allá de la música, María Mónica destaca el impacto integral de la Fundación Puerto de Cartagena. “No solo nos apoyaron en lo musical, también con psicólogos y trabajadoras sociales. Siempre hubo acompañamiento”, subraya.
Entre sus sueños están cursar una maestría en pedagogía musical y, a largo plazo, crear una institución para formar niños y jóvenes. Admira al maestro Gustavo Dudamel y confiesa que, aunque el violín es su instrumento principal, aún mantiene viva la ilusión de dominar aquel viejo amor: el clarinete.

“Todavía no me suena, pero ahí estoy. Es una guerra y un amor al mismo tiempo”, dice sonriente.
Historias como la de María Mónica Beltrán reflejan el impacto real de la educación cultural, la inclusión social y el trabajo sostenido en los territorios. Desde Noticias Vital, destacamos este ejemplo de cómo la música puede convertirse en una herramienta de transformación social, talento y futuro para la juventud cartagenera. @puertoctg
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