No voy a botar mi voto
Por Manuel Medrano

El domingo pasado, el Dr. Carlos Martínez Simahan, diplomático y exministro de Minas y Energía (1982-1984), publicó su habitual columna en El Meridiano de Sucre, donde abordó la campaña presidencial que se aproxima. Recordó los resultados de la última encuesta de Guarumo, en la que Sergio Fajardo, Gustavo Bolívar y Vicky Dávila lideran las preferencias de un sector significativo del electorado.
A través de sus palabras, se evidencia que el Dr. Martínez Simahan no comparte la idea de que cualquier «Don Juan de los Palotes» pueda aspirar a la Casa de Nariño. «Se ha perdido el respeto por el primer cargo de la Nación», expresó con preocupación. Como un conservador de alto turmequé y miembro de la política tradicional, reconoce la necesidad de un cambio de actitud por parte del ciudadano colombiano al momento de elegir a sus gobernantes.
Al mencionar a Sergio Fajardo, resaltó su transparencia y honestidad durante su gestión como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, logros que le otorgaron reconocimiento a nivel nacional. Sin embargo, señala que ha fracasado en su intento por acceder a la Presidencia. «Nunca podrá llegar en solitario», advierte, recordando el caso del actual mandatario, Gustavo Petro, quien tuvo que utilizar la estrategia de Armando Benedetti para obtener recursos y apoyos, lo que ha tenido consecuencias escandalosas para el país.
Colombia se aleja cada vez más de practicar una democracia real, donde el ciudadano asuma un papel protagónico y entienda que los realmente importantes son los votantes, no los políticos. Sin embargo, estos rara vez se dan cuenta de lo que está en juego en cada elección, cegados por el clientelismo y la compraventa de conciencias.
Para construir la Colombia que merecemos, es esencial ser más responsables y deshacerse de actitudes obsoletas al momento de votar. Debemos desterrar esa frase perjudicial: «No voy a botar mi voto», así como el abstencionismo, que solo fortalece a quienes negocian con la política y traicionan a un país que clama por erradicar los vicios históricos de los partidos.

Es imperativo trabajar con las comunidades para que se reconozcan en el espejo y entiendan su poder. La Colombia profunda se manifiesta en la pobreza de la Costa Pacífica, en La Guajira, donde los indígenas sufren de desnutrición, y en el sur del país, donde el abandono estatal es una constante.
Alguien dijo alguna vez sobre la clase política colombiana: «O cambian, o los cambiamos».
Llegó la hora. ¡No más los mismos con las mismas!. Noticias Vital
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