La derecha toma las calles
Por Manuel Medrano

Cali, capital del Valle del Cauca y antiguo emporio azucarero, fue recientemente escenario de una movilización liderada por sectores de derecha. Bajo el lema «Afuera Petro», los manifestantes expresaron su descontento con el actual gobierno. Según ellos, el país atraviesa una crisis por el “mal gobierno” del presidente Gustavo Petro, quien sigue siendo blanco de críticas por sus errores en la gestión.
Sin embargo, es paradójico que estas voces mantuvieron silencio durante los gobiernos de su propia corriente política, cuando la corrupción y los errores alcanzaron niveles igualmente preocupantes, o incluso mayores.
La derecha, responsable históricamente de políticas que han frenado el desarrollo nacional, ahora alza su voz en las calles. Los indicadores de pobreza extrema que persisten en Colombia demuestran que, durante su tiempo en el poder, no priorizaron la mejora de las condiciones de vida de la población. El progreso social fue relegado mientras la corrupción se consolidaba como práctica común.
Un análisis de los gobiernos anteriores resalta la falta de transparencia y los altos niveles de corrupción que minaron la confianza ciudadana en las instituciones. Esto permitió que, por primera vez en la historia del país, un gobierno de izquierda llegara al poder.
A pesar de su papel en el deterioro del panorama político y social, la derecha parece decidida a recuperar el poder sin mostrar autocrítica ni intención clara de cambiar sus métodos. Continúan defendiendo los intereses de las élites económicas y manteniendo una visión que prioriza el capitalismo salvaje sobre políticas sociales que restauren el tejido social del país.
El panorama político de la derecha es preocupante. Entre sus posibles figuras presidenciables se mencionan a la congresista María Fernanda Cabal, conocida por posturas radicales; el senador Miguel Uribe Turbay, quien parece confiar más en su linaje político que en un proyecto sólido; y la periodista Vicky Dávila, quien ha utilizado su plataforma mediática para oponerse al actual gobierno, aunque su candidatura podría carecer de sustancia.
Colombia necesita un futuro que trascienda las divisiones ideológicas y construya una democracia fortalecida. Para ello, la ciudadanía debe romper con la apatía, rechazar el clientelismo y exigir liderazgos genuinos que trabajen por el bienestar colectivo.
Las próximas elecciones representan una oportunidad histórica para que los colombianos evalúen no solo las promesas del Pacto Histórico, sino también la capacidad de la derecha para ofrecer alternativas viables. Sin embargo, esto requiere que la derecha asuma un rol más constructivo, reflexione sobre su responsabilidad en el estado actual del país y reformule su estrategia política para atender las necesidades reales de la población.
Soñar con un cambio estructural no debería ser utopía. Pero, ¿está la derecha dispuesta a replantear su rumbo, o simplemente busca perpetuar las mismas prácticas que han mantenido al país estancado?
Colombia merece mucho más que consignas vacías y estrategias políticas recicladas.
El desafío está en elegir entre perpetuar los errores del pasado o apostar por un futuro en el que la democracia, la justicia y el desarrollo social sean los pilares de nuestra nación.
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