BYE, BYE A LA HEGEMONÍA URIBISTA

“Todo fluye, nada permanece”. Heráclito de Éfeso

Por Alvaro Morales de León.

Una característica de la vida republicana de Colombia ha sido el predominio de hegemonías políticas en el gobierno, ese estilo de gobernar que se caracteriza por la preeminencia de gobernantes de una misma orientación o partido político en el poder central y por periodos consecutivos o interrumpidos.

En Colombia, hasta el año 2002 se hablaba de la existencia de dos hegemonías en el poder, la Conservadora y la Liberal, pero a partir del 2002 hay que incluir la hegemonía uribista, la cual permaneció dieciséis años en el poder dándose como inicio el año 2002, con el primer gobierno del hoy expresidente Alvaro Uribe y finalizando este siete de agosto de 2022.

Esta hegemonía uribista llegó al punto de inculcarle a sus prosélitos que siempre deberían votar por el que dijera Uribe”, y así transcurrieron cuatro periodos presidenciales, dos de Uribe, uno de Santos, el primero, y uno de Ivan Duque.

A finales del siglo XIX, para el año 1886, exactamente, y hasta 1930, o sea, durante 44 años los Conservadores tuvieron el poder en Colombia y durante esta hegemonía partidista se dio en Colombia por rivalidades partidistas el conflicto político de carácter civil conocido en nuestra historia como la “Guerra de los Mil Días”, guerra que enfrentó a conservadores y liberales, con la victoria para los primeros, los azules, los conservadores.

Esta Hegemonía comenzó en el año 1886 con el presidente José María Campo Serrano y finalizó en 1909 con el presidente Rafael Reyes, en 1909; sin dejar de mencionar, entre otros, como parte de esta hegemonía a los presidentes, Eliseo Payán, Rafael Núñez, Carlos Holguín Mallarino, Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín, y Manuel Antonio Sanclemente.

Dentro de los hechos notorios de este periodo hegemónico del Partido Conservador es necesario mencionar la promulgación de la Constitución de 1886, la separación de Panamá en 1903, la ya mencionada Guerra de los Mil Días, la firma del Concordato entre el Estado Colombiano y la Iglesia Católica, la Masacre de las Bananeras, el nacimiento de la violencia bipartidista y el estableció el servicio militar obligatorio, entre otros.

Al dominio Conservador del poder político en Colombia, entre 1886 y 1930, le siguieron 16 años de la llamada Hegemonía Liberal, la cual se inició en 1930 con el presidente Enrique Olaya Herrera, y finalizó en 1946 con el presidente Alberto Lleras Camargo; periodo del que también hicieron parte los presidentes Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos.

El periodo hegemónico liberal se caracterizó por el desarrollismo y el crecimiento de la industria colombiana, y los presidentes de este periodo aumentaron los impuestos a las importaciones buscando el fomento de la producción nacional; pero también ocurrió la guerra contra Perú, se reformó la Constitución del 86, se fortalecieron los movimientos sociales, se dio un importante desarrollo agrícola, y por primera vez se aprobó la libertad de cultos religiosos en Colombia.

Pero la más reciente de las hegemonías en el poder político en Colombia es la que bien podríamos llamar “Hegemonía uribista”, la cual se inició en el 2002 con la elección del mismo expresidente Alvaro Uribe Vélez, que después con una interrupción con el segundo mandato del expresidente Juan Manuel Santos y continuó con el gobierno que finalizará este domingo 7 de agosto el del presidente Iván Duque Márquez.

Este periodo hegemónico uribista estuvo marcado por el fortalecimiento del paramilitarismo, las masacres y el despojo de tierras a campesinos, el aumento del desplazamiento forzado, los asesinatos a civiles indefensos conocidos como “falsos positivos”, el robo de más de 17.000 millones de pesos al Programa “Agro Ingreso Seguro”, el desfalco a Reficar por cifra aproximada a los 3 billones de pesos, y los 70.000 millones de pesos que se perdieron con el contrato de MinTic con la sociedad “Centros Poblados”.

Finalmente, también se dio en este periodo uribista la matanza indiscriminada de líderes sociales y ambientalistas y la desbordada contratación con amigos de los presidentes de esta hegemonía; y para cerrar, la demasiada y evidente obstinación del presidente actual, Duque, en negarse a implementar y a toda costa hacer trizas los acuerdos de paz de la Habana, y todo, por rivalidades políticas con el expresidente Santos. #noticiasvital

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