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CUANDO EL PODER ES USADO PARA HUMILLAR

Por Álvaro Morales de León

Hay momentos en la vida pública en los que una discusión política deja de ser una confrontación de ideas y se convierte en algo mucho más preocupante: el ejercicio del poder como instrumento de humillación.
Eso fue lo que muchos colombianos percibieron en el reciente enfrentamiento protagonizado por el presidente Abelardo de la Espriella y el alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña.

Frente a otros mandatarios y funcionarios, el presidente cuestionó duramente al alcalde, le recordó públicamente las investigaciones judiciales que pesan sobre él y sostuvo que no permitiría que los recursos de la Nación destinados a Sincelejo quedaran bajo su control.

Incluso afirmó que no trabajaría bajo lo que calificó como un “esquema de corrupción”. Que existan investigaciones contra un funcionario público es un asunto que debe ser conocido y esclarecido por las autoridades competentes. Si hay responsabilidades, que se eterminen y que caiga sobre los responsables todo el peso de la ley. Pero precisamente por eso existen los jueces, los fiscales, los organismos de control y el debido proceso.

Por no ser el presidente de la República juez de la República surge la pregunta que no podemos eludir: ¿puede el poder presidencial utilizarse para señalar, confrontar y descalificar públicamente a otro servidor público de esa manera?

La lucha contra la corrupción es necesaria. Indispensable. Colombia necesita gobernantes que vigilen cada peso público y que no permitan que los recursos destinados a los ciudadanos terminen en manos de intereses particulares, pero combatir la corrupción no significa que todo esté permitido, ni siquiera cuando quien habla ocupa el cargo más importante de la Nación.


La Constitución establece que la función administrativa está al servicio de los intereses generales y debe desarrollarse bajo principios como la moralidad, la imparcialidad y la publicidad.
El Código General Disciplinario es claro cuando establece que entre los deberes de los ervidores públicos está el tratar con respeto, imparcialidad y rectitud a las personas conquienes se tenga relación por razón del servicio, pero al Presidente De la Espriella no le importó esta norma disciplinaria para pisoteándola arremeter irrespetuosa e insultantemente en publico, contra el alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña ante sus otros colegas alcaldes del Caribe, reunidos en Coveñas por convocatoria del propio Presidente.


Este comportamiento del Presidente tendrá que ser juzgado por las autoridades competentes, de oficio, o si alguien formula una denuncia y se adelanta la investigación respectiva, porque lo que sí es cierto es que la investidura presidencial exige mucho más ue autoridad, exige autocontrol, algo de lo que carece el presidente de la Espriella.


Un presidente puede ser firme sin ser ofensivo. Puede denunciar sin humillar. Puede ordenar investigaciones sin convertir una controversia política en un espectáculo público.


Puede defender los recursos del Estado sin desconocer la dignidad de quien ocupa una
alcaldía. Porque cuando un presidente increpa públicamente a un alcalde, no está hablando simplemente Abelardo de la Espriella frente a Yahir Acuña. Está hablando el jefe del Estado rente a un funcionario elegido por voto popular, y el poder democrático tiene límites.


Acuña respondió posteriormente mediante un video y cuestionó la actuación del Presidente, incluso reclamando que se conociera el contexto completo del encuentro. Podemos discutir las investigaciones que rodean al alcalde. Podemos discutir sus actuaciones políticas. Podemos exigir transparencia absoluta en el manejo de los recursos públicos. Pero una democracia no puede acostumbrarse a que la autoridad sustituya los rgumentos por el señalamiento, ni las instituciones por la intimidación verbal.


Pero Abelardo también ha arremetido contra el rector de la Universidad de Córdoba, Jairo orres, a quien, sin pruebas acusa de corrupto y lavado de activo, denunciándolo además, nte la DEA como ha hecho con otros colombianos. La Universidad de Cordoba, bajo la irección del rector Jairo Torres ha tenido los mas altos reconocimientos a ivel nacional e internacional; pero el asunto va también, por los resultados electorales de Abelardo en Montería y en Córdoba.

Y seguirán otros alcaldes, gobernadores, congresistas, periodistas o cualquier ciudadano. a autoridad debe inspirar respeto cuando respeta. Y cuando el poder humilla, la emocracia también pierde su dignidad.

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