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La historia de una flauta en el XX Cartagena Festival de Música

Del rechazo al amor desmedido, el camino de Silvia Careddu ha estado marcado por su instrumento favorito.

Durante el cuarto día del XX Cartagena Festival de Música, en Noticias Vital tuvimos la oportunidad de hablar con la artista nacida en Cagliari hace más de 48 años.

En su segunda oportunidad en el festival (la primera fue en 2022), nos recibió con los brazos abiertos. Vestía de manera casual con una blusa negra de la marca italiana Herno y jeans azules; portando además a la protagonista de este relato: una flauta dorada hecha a mano en Japón, el país del sol naciente.

Silvia nos contó la historia de cómo conoció a su flauta, se enamoró de su sonido y, unos años después, llegó a ser suya. Sin embargo, primero nos llevó más de tres décadas atrás, antes de sus 16, para contarnos de cómo empezó su amor por la flauta.

Y es que, en un principio, estaba muy interesada por el piano, pero sus padres se opusieron.

El inicio de su relación con la flauta

Cartagena Festival de Música
Silvia Careddu, flautista italiana del Cartagena Festival de Música | Foto: Cortesía

“Pero mis padres dijeron no, no, el piano no porque tendríamos que quedarnos en la ciudad y en el verano no podemos ir de vacaciones a la isla de la Magdalena, que es donde mi mamá nació. La Magdalena es una isla en el norte de la Cerdeña. Muy linda. Es como aquí en el Caribe, pero allá en el Mediterráneo, bonitísima”.

Esa fue la razón perfecta para convencerla de que, contrario a un piano, adquiriera una flauta.

“Han dicho, bueno, si quieres ir a la Magdalena, toca la flauta; que la pones en la mochila y basta”, comentó.

Silvia eligió la flauta. Aunque, eso sí, no estaba muy convencida. En sus palabras, detestó la flauta hasta que tuvo 16 años. Estudiaba poco y no le apasionaba su sonido. Era solo un instrumento más.

Sin embargo, algo cambió a esa edad.

“Cuando tenía 16 años, escuché un concierto maravilloso de flauta y piano, y bum, ocurrió el flechazo. Me dieron ganas de tocar, de aprender, fui con mi profesor a ver si podía darme lecciones y empecé sin parar hasta ahora. Me ha apasionado muchísimo con él, me ha enviado a París a estudiar…”

El amor florece

De hecho, fue tal el impacto de aquel concierto que escuchó cuando era adolescente, que una vez terminó sus estudios en el Conservatorio de Música y Danza de la capital francesa, ganó el Concurso Internacional de Música de Ginebra. Eso ocurrió en 2001, 6 años antes del primer Cartagena Festival de Música.

“En ese momento se abrieron muchas puertas y oportunidades. No siempre es fácil. La vida de un músico no lo es. Tenemos que aguantar muchas situaciones o aprender siempre del lado humano y del lado también musical en el acto humano de tener experiencias. Que a veces son maravillosas y a veces un poco menos”.

Así, con el transcurso de los años llegó a la Filarmónica Arturo Toscanini junto a Lorin Maazel; luego a la Konzerthausorchester de Berlín y, en la segunda mitad de la década de 2010, estuvo en la Orquesta Sinfónica y la Orquesta Filarmónica de Viena, en Austria. Justo en ese momento, dio con su compañera para este Cartagena Festival de Música.

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Unos cuantos obstáculos

El fabricante de su flauta, Muramatsu, le prestó el instrumento – en principio – por un año. Esto, porque sabía que su sonido le gustaba a una de las orquestas en que participó.

“Pero no la vendemos”, le dijeron a Silvia. “¿Cómo que no la venden?” Respondió. “No, no. Así que no te aficiones demasiado porque esta regresará a Japón”. Sentenciaron desde el fabricante.

Esta compañía, es preciso resaltar, fue fundada por el maestro artesano Koichi Muramatsu en 1923. Y, tal como lo referencia la web de la tienda musical española Sanganxa, ha extendido su dedicación y pasión por generaciones. Primero a Osamu Muramatsu, a quien se le atribuye su fama a nivel mundial; y luego a Akio Muramatsu, nieto de Koichi, en quien recae el legado en la actualidad.

En ese sentido, hasta ahora sobrevive una de las frases que muestra su filosofía: “si no eres un buen flautista, jamás podrás entender todo lo que los flautistas te exigen”. Un punto importante para considerar la experiencia relatada por la destacada artista italiana con tres presentaciones en esta edición del Cartagena Festival de Música:

“Cuando abro la flauta, la toco y quedo anonadada. La sensación fue difícil de explicar. No había probado otra así antes. Sin embargo, me dije que no era mía, así que era mejor que no la tocara ni me aficionara. Pero mientras más la tocaba más me gustaba. Y después de un año he tenido que devolverla otra vez”.

Silvia devolvió la flauta. Aunque apareció una oportunidad: desde Muramatsu le dijeron que lo habían pensado mejor y tenía la posibilidad de comprarla.

Sus esperanzas, eso sí, se desmoronaron de nueva cuenta y muy rápido, pues no contaba con el dinero para adquirirla. Así que, llegados a este punto, se acababa momentáneamente su historia de amor.

La flautista tenía lo que llamó una tristeza indescriptible. Nunca se había aficionado a un instrumento, pero aceptó la realidad. Devolvió la Muramatsu, que regresó a Japón, y adquirió una flauta de la marca estadounidense Powell.  

“Pero esta se me quedó en el pensamiento. No puede ser que haya sido como un sueño tenerla.”, sostuvo.

Llega su primer Cartagena Festival de Música. Un sueño se hace realidad

Silvia Careddu se presentó en el Cartagena Festival de Música 2022 | Foto: cortesía.

En noviembre de 2021, dos meses antes de venir a su primer Cartagena Festival de Música, Silvia Careddu empezó a ser la flautista principal de la Orquesta Nacional. Un recuerdo importante en la edición de los 20 años de este gran encuentro, pues fue el inicio del final feliz de esta historia.

“En el hotel donde estamos ahora, hace como 4 días, he pensado que en este hotel hace 4 años he llamado a Japón y he dicho: mira, ahora tengo el dinero. ¿Puedo comprar la flauta? ¿Ya la han vendido? Y me han dicho: la flauta te está esperando”.

Silvia no lo podía creer. Habían reservado la flauta solo para ella. La quería tanto, que su sueño de tener nuevamente aquel instrumento con el que sintió la magia de la música se haría realidad.

“Tú la quieres tanto que no podríamos venderla a otra persona”, le comentaron desde Japón. A ella, en ese sentido, le pareció imposible pensar en la profundidad y el respeto de los japoneses. Quienes esperaron 3 años con la flauta hasta que, en 2022, pudo adquirirla durante su estancia en la décimo sexta edición del Cartagena Festival de Música.

Así, en febrero ya tenía la flauta Muramatsu en sus manos gracias a la gestión de una tienda de instrumentos italiana llamada Daminelli.

Y poco a poco, a lo largo de los siguientes años, la pagó para que finalmente fuera suya. Completamente.

De hecho, Silvia terminó de pagar su flauta durante diciembre pasado.

Y ahora, que nuevamente viene al festival de música clásica más importante de América Latina, sus recitales Bach y el barroco: el espíritu de la música, y Mozart y Beethoven: dos almas del estilo clásico, mostraron a los oídos de los asistentes el por qué de su obstinación con este instrumento. Cuyas notas llegan al alma de quien escucha y cautivan sus corazones.

Hoy, Silvia Careddu tendrá en El alma errante de Schubert su último recital en esta vigésima edición del Cartagena Festival de Música. Desde las 4 de la tarde, junto al violonchelista Santiago Cañón Valencia y el pianista Mauricio Arias-Esguerra endulzará decenas de oídos con su interpretación de composiciones de Ferdinand Ries, Carl Maria von Weber, Carl Reinecke y Franz Schubert, en el Auditorio del Palacio de la Proclamación.

Para más información del XX Cartagena Festival de Música visite www.cartagenamusicfestival.com.

# Cartagena Festival de Música

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