EL VIEJO NEGOCIO DEL CONTRABANDO
Por Alvaro Morales de León.
Cuando hablamos de contrabando en Cartagena, evoca inmediatamente recuerdos de botellas de whisky y cartones de cigarrillos que llegaban al Puerto de Cartagena desde la época de Colpuertos, conocida como “El Terminal”. Esta empresa estatal portuaria se transformó en 1993 en la Sociedad Portuaria Regional de Cartagena debido a la política neoliberal del presidente Gaviria, convirtiéndose en una empresa de economía mixta que ha gestionado el puerto con todas sus instalaciones y equipos.
El contrabando ha sido un elemento constante en la historia económica y social de Colombia, desde la época colonial hasta hoy, adaptándose a las dinámicas del comercio internacional, las regulaciones estatales y las condiciones socioeconómicas del país. Sus raíces se encuentran en la Colonia, cuando España impuso un sistema comercial restrictivo a sus colonias, permitiendo solo el comercio con la metrópoli, lo que generó un mercado negro facilitado por comerciantes ingleses, holandeses y franceses.
Las costas del Caribe, especialmente Cartagena y Santa Marta, fueron puntos clave para el comercio ilícito. Los piratas y corsarios jugaron un papel crucial en este comercio clandestino. La prohibición de comerciar libremente impulsó a los criollos a participar en redes de contrabando que proveían a la población con productos como telas, licores, armas y esclavos.

Con la independencia en 1819, Colombia heredó un sistema comercial proteccionista, lo que incrementó el contrabando. La falta de infraestructura y la debilidad del Estado para controlar las fronteras permitieron la entrada de mercancías extranjeras sin impuestos. Durante este período, productos como tabaco, licor y sal se convirtieron en elementos clave en las redes de contrabando.
La apertura comercial de finales del siglo XIX redujo parcialmente el contrabando, al permitir la importación de bienes con aranceles más bajos, pero este continuó en zonas alejadas del control estatal, como la frontera con Venezuela. En el siglo XX, el contrabando se modernizó gracias a nuevas tecnologías y medios de transporte. En la década de 1930, el gobierno colombiano implementó medidas proteccionistas que incentivaron nuevamente el comercio ilegal, con productos como electrodomésticos, ropa, cigarrillos y licores que llegaban principalmente desde Venezuela y Panamá.
En los años 60 y 70, el contrabando se vio influenciado por la llegada de mercancías de San Andrés, un Puerto Libre, donde surgieron los “Sanandresitos” en ciudades como Barranquilla, Bogotá, Cali, Medellín y Cartagena, convirtiéndose en centros de comercio informal.
La segunda mitad del siglo XX trajo un nuevo matiz al contrabando, relacionado con el narcotráfico. Durante las décadas de 1970 y 1980, las redes de contrabando se integraron al tráfico de drogas, utilizando las mismas rutas para transportar cocaína hacia EE. UU. En el siglo XXI, las principales mercancías de contrabando incluyen combustibles, textiles, medicamentos, cigarrillos y tecnología. El tráfico de gasolina en la frontera con Venezuela ha sido una actividad ilegal muy lucrativa por la diferencia de precios. Asimismo, el comercio de cigarrillos ilegales ha crecido, con productos de Paraguay, China y el Medio Oriente ingresando sin impuestos.

El gobierno colombiano ha implementado diversas estrategias para combatir el contrabando, como operativos de control en las fronteras, acuerdos internacionales y leyes más estrictas. Sin embargo, la corrupción y la falta de recursos han dificultado la erradicación de estas redes ilegales. Además, el contrabando está vinculado al crimen organizado, financiando estructuras ilegales que van desde bandas locales hasta grupos armados, convirtiéndolo en un problema de seguridad nacional.
En la actualidad, figuras como Diego Marín, alias “Papá Pitufo”, y Samuel Santander Lopesierra, conocido como “Santalopesierra” o “El hombre Marlboro”, son considerados grandes contrabandistas en Colombia. En los años 90, la familia Cotes, dueña de la desaparecida línea aérea Aerocondor, contribuyó a la quiebra de la industria avícola al traer de contrabando piezas de pollo, vendiéndolas a precios muy bajos, alegando que era lavado de dólares.
No se puede olvidar a Puerto López, en la Guajira, que inspiró a Escalona con “El Almirante Padilla”, el barco de la Armada que puso fin al contrabando en esa zona.
En Cartagena, aún se recuerda la época en que llegaban vajillas de loza de contrabando, traídas sin restricciones en el Ferry Dancing o en los barcos Alcatraz de Amín Díaz.
La palabra contrabando significa en contra del bando, siendo bando una disposición de la autoridad. Cuando el término apareció por primera vez en 1729 en un diccionario hispano, se le definió como “Contravención de alguna cosa que está prohibida por bando, publicado a voz de pregonero”, aunque enseguida se incluyó otra acepción referida al comercio exterior: “Mercadería, ropa o géneros de contrabando. Se llama así todo lo prohibido de introducir en estos Reinos, por ser de Países enemigos, con los cuales está cerrado el comercio” (RAE, 1729, Tomo II). Este último significado es la base de la definición actual de la RAE, según la cual el contrabando es la importación o exportación ilícita de mercancías (RAE, 2014).
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