Una crisis ambiental monstruosa

El comunicador social hace en este articulo un análisis de la crisis ambiental en tiempos del coronavirus.

                                         Por: Ángel Martínez Casanova

Algo tan pequeño como un virus ha conseguido paralizar la civilización más desarrollada de todos los tiempos. La pandemia ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del ser humano. Ha hecho evidente algo que siempre ha estado ahí: que somos seres interdependientes, frágiles, vulnerables, necesitados de comunidad, de afectos, de cuidados.

Durante décadas nos han bombardeado con otra idea que interesaba a los poderes económicos. A pesar de nuestra sofisticación y complejidad civilizatoria, seguimos siendo animales ecodependientes. Nuestro desarrollo no nos garantiza el control y la supeditación de la biosfera a nuestros intereses y fines.

En este caso, un elemento de esta biosfera de lo más simple y primitivo pone en jaque toda esa complejidad y progreso del que hacemos gala y que constituyen en el delirio de la modernidad nuestro supuesto salvoconducto para la eternidad.

El ambiente que se respira es de que estamos ante un momento decisivo de la historia. La cuestión es si una población angustiada por el drama de los miles de fallecidos y la pérdida de empleos se encuentra en condiciones de realizar una profunda reflexión colectiva.

El eslogan del mundo posterior al #COVID-19 en el aspecto socioeconómico y productivo ya ha sido seleccionado: saldremos de esta, volveremos a la normalidad. Parece que no hay hueco para plantearse si de hecho queremos volver a la normalidad o no, cuando esa normalidad era la de un mundo que se dirige de cabeza a una crisis ambiental monstruosa.

El enemigo actual es invisible y ajeno a la especie humana, pero la comunidad científica entiende muy bien el problema y tiene identificado al verdadero responsable del colapso actual. Hemos estado dañado nuestros ecosistemas de manera muy significativa y exponiéndonos cada vez más a nosotros mismos ante este tipo de amenazas que afectan a la salud pública.

La ciencia lleva décadas alertando sobre los riesgos que produce el deterioro del mundo natural. Y la respuesta que ha recibido ha sido indiferencia y recortes. Ahora se aplauden a los expertos. ¿Puede entonces esta crisis cambiar la relación con el conocimiento científico? «No lo creo.

Habrá un primer momento de alta sensibilidad, principalmente con todo aquello que tenga que ver con la salud, pero no tengo claro que esa sensibilidad se extienda de forma automática a otras problemáticas. Estoy seguro, por ejemplo, de que el #negacionismo climático seguirá actuando, de forma cada vez más sutil, pero que seguirá.

Siempre digo que el cambio climático es, desde el punto de vista humano, una catástrofe a cámara lenta y no parece ni se experimenta socialmente como una catástrofe. La ciencia puede pulsar la alarma climática y lo lleva haciendo desde finales del siglo XIX. Pero para la población sigue siendo un problema frío, psicológica y culturalmente.

Sobre esto soy algo optimista y también cauteloso. Habrá un reforzamiento de la confianza en las instituciones públicas y en el conocimiento experto, algo muy mermado en los últimos años con el auge de la posverdad. Cabe la posibilidad de que eso ayude a que se escuche más a la ciencia en otros ámbitos, como el cambio climático.

Creo que al menos, en este momento, la sociedad ha puesto en valor la investigación ya que se han dado cuenta de lo importante que es para salvar vidas humanas y lo que nos están ayudando los científicos a resolver este problema. Tendremos que demostrar que no hay que escoger entre economía y ecología.

Una vez que la ciencia termine con el virus, la humanidad deberá asumir un asunto trascendental. ¿Es posible que la primera pandemia planetaria genere una conciencia global? Todo lo que nos suceda y sucederá dependerá de cómo manejemos las interacciones con la biosfera única e igual para todos. No lo creo.

Todas las acciones que se están tomando desde los gobiernos e instituciones internacionales van encaminadas a restaurar un status que aparentemente ha sido interrumpido por el COVID-19 y que, en realidad, es un sistema en decadencia que empezaba a tambalearse por su propia negligencia.

Cuando el mundo se ponga en marcha comenzará la reconstrucción. Ya se han anunciado inversiones multimillonarias. Habrá que decidir qué se hace con el clima justo ahora que ha comenzado la década del desarrollo sostenible.

Corremos el riesgo de que suceda como en la crisis del 2008 y únicamente se piense en la economía y no se trabaje por una salida sostenible. En China ya están reforzando el recurso de la producción térmica con carbón como soporte energético para salir de su crisis. Creo que la respuesta que se va a dar a la crisis climática va a empeorar tras el coronavirus. https://www.bbc.com/mundo/noticias-50503124

Las políticas ambientales pasarán a segundo plano. Los países se van a esforzar en atraer inversiones, turistas y crear nuevos puestos de trabajo. No importará su calidad, ni su duración, ni si contribuye al cambio climático o no, solo va a importar el número de puestos de trabajo creados.

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