“VIACRUCIS Y PASIÓN DE CARTAGENA”. Por Álvaro Morales

El viacrucis o Camino de la Cruz es la triste y dolorosa senda que con pesada cruz a cuestas le impusieron recorrer a Jesús hasta el lugar de su muerte por crucifixión. Es el camino donde transcurre el desgarrador trance de lo que también se conoce la Pasión de Cristo, el injustamente condenado a muerte.

Fue un cruel itinerario, un trayecto con catorce estaciones que el sentenciado recorrió no sólo con la pesada cruz sobre sus lomos sino bajo los más crueles vituperios y vejámenes por parte de los que de él se burlaban y se alegraban por su anunciada cruel muerte en el Monte Calvario. Fue un doloroso y brutal viaje con caídas, azotes y despojo de ropas para el que no lo merecía.

Pero así como fue doloroso ese Camino de la Cruz para el injustamente castigado, así mismo ha sido doloroso el camino que le ha tocado recorrer a la ciudad de Cartagena durante casi todos sus años de su existencia, pero especialmente, los últimos, lo que parten desde el mismo momento en que a nuestra urbe por mandato constitucional, como a todos los municipios de Colombia, le llegó el método cuasi-democrático de la escogencia de sus mandatarios mediante el voto popular. Hasta ahora ha sido así, un Camino muy doloroso.

Si por un lado de la Vía Dolorosa que le impusieron recorrer a Jesús de Nazaret se dice que tuvo catorce altos en el camino para torturarlo y flagelarlo, para nuestro pueblo cartagenero han sido, hasta ahora, doce las veces que por haber escogido de manera equivocada a sus alcaldes le ha tocado transitar igualmente por una Vía de Dolor a través de la cual ha sido azotado por sus propios verdugos. Ha sido la pasión vivida a partir de 1988, año en el que se posesionó el primero de los elegidos popularmente.

Como la primera estación del Viacrucis en la que se dictó sentencia de muerte contra el Maestro, así mismo con la primera elección popular de alcaldes en Cartagena se dictó sentencia de muerte contra el progreso, contra la buena calidad de vida, la equidad y la justicia social de este sufrido y heroico pueblo.

A partir del segundo momento de la senda dolorosa que recorría el Cristo y donde le fue impuesta la pesada cruz que cargaría hasta el Monte Calvario, el lugar de su propia muerte, así mismo al pueblo cartagenero desde el primer mandatario elegido popularmente le impusieron cargar su propia cruz, la cruz de la pobreza, la cruz de la miseria, la cruz de la falta de buenos servicios en salud, de buenos servicios públicos, pero sobre todo, la pesada carga de la corrupción.

Y así como Jesús cayó más de una vez en el tortuoso y martirizado recorrido así mismo las esperanzas de nuestro pueblo se han visto caídas o frustradas más de una vez engañado por quienes han contribuido a construir el tortuoso camino de  una vida administrativa llena de decepciones.

Pero todos esperamos que a pesar del dolor y el tormento impuesto de manera injusta al condenado Hijo de Dios él resucitó de entre los muertos, así mismo la ciudad de Cartagena condenada a muerte pueda resucitar o resurgir de todos los males a los que ha sido sometida por todos aquellos que la han azotado, de ella se han burlado, la han ultrajado, pero sobre todo de los que la han despojado de sus sueños y esperanzas.

Esperamos, que este próximo veintisiete de octubre, la ciudad dé los pasos iniciales para su resurrección administrativa y moral.

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